En 1972 llegaron a Estados Unidos sus Satánicas Majestades, The Rolling Stones, para llevar a cabo una extensa gira por esa nación y Canadá, justo al cumplir su primera década como banda de Rock.
La expectación por ver las presentaciones que harían los británicos era tan grande que las localidades estaban prácticamente agotadas en todos y cada uno de los escenarios en los que se presentarían.
El grupo, encabezado por los emblemáticos Mick Jagger y Keith Richards, llegaba a Norteamérica para demostrar por qué ya se consideraba como una de las agrupación más importante del mundo y a superar con creces la fatal gira que habían realizado en 1969 y que lo más representativo de ella fue que siempre estuvo inmersa en el caos total.
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| Promocional para ver los ingleses en Dallas |
Así, tres años después, los Stones se sacarían la espina con sus fans y reafirmarían su estatus dentro del mundo del Rock and Roll con una serie de magistrales conciertos en locales totalmente abarrotados.
Pero esta gira también estuvo marcada por los excesos de Jagger y compañía (tal y como ocurrió con muchos otros grupos en esos años y que tal vez se siguen presentando actualmente), los cuales quedaron magistralmente detallados en el libro Viajando con los Rolling Stones de Robert Greenfield (Editorial Anagrama).
El texto adquiere gran relevancia porque la puntualidad con que se narran los hechos que se presentan durante toda la gira parte de alguien que compartió palmo a palmo todos y cada uno de los espacios en que estuvieron los Rolling, ya que Greenfield, entonces reportero de la revista Rolling Stone en Inglaterra, consiguió pases All Access, que le permitieron acompañar a la banda en sus viajes, compartir los mismos hoteles y estar presente en todos los recintos en los que se presentaron en esa gira por Norteamérica.
Gracias a ello, el autor pudo constatar de manera plena cómo los rockeros ingleses cumplían a cabalidad con la triada “sexo, drogas y ronck an droll”, llegando en muchos de los casos a los extremos.
De esta manera, nos enteramos de la manera en que Jagger y Keith buscan de manera afanosa no sólo obtener y consumir inmensas cantidades de drogas y alcohol, sino que incluso tienen a su distribuir oficial de enervantes, en cual en cualquier momento puede ser reemplazado por otro que les ofrece lo mejor del momento.
Conocemos las andanzas y orgías que realizan con sus seguidoras, así como con sus invitados especiales y, por supuesto, con su grupo de colaboradores cercanos. En este punto es totalmente representativa la estancia que tuvieron en la mansión Playboy y la gran vida que se dieron ahí con las famosas conejitas.
Poco a poco, Greenfield nos narra los enfrentamientos que se dan entre los integrantes de la banda debido a los excesos, los problemas con las autoridades norteamericanas, incluyendo sus arrestos, su contacto la crema y nata del espectáculo y de la cultura, amén de sus constantes encuentros sexuales.
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| The Rolling Stones, por siempre |
Esperamos que el texto que nos entregue Keith rescate el tipo de anécdotas que se presentan en el realizado por Greenfield y no solamente quede como un texto de autocomplacencia y egolatría que destaque sus virtudes y cuestiones al resto de sus compañeros y de quienes les rodearon.


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