lunes, 18 de octubre de 2010

¿A poco tiene lado B?

La pregunta que me hizo mi hijo el fin de semana por la noche, me sorprendió y me provocó una sonrisa, pero también me dejó entrever que mi paso por la vida ya tiene sus ayeres, que aunque son pocos, ya los voy cargando, y esto se siente sobre todo cuando convivo con las nuevas generaciones que van siguiendo mi andar.

Pero dejen les pongo en antecedentes. Este fin de semana visité una de esas famosas tiendas de discos que hay en prácticamente en todas las plazas comerciales que atiborran la Zona Metropolitana y en medio de la búsqueda de un CD que realizaba mi junior y al enseñarme algunos discos le dije que algunos ya los tenía pero en vinil.

"¿Son los grandotes que tienes guardados en casa?" - preguntó casi confirmando su interrogante.

"Sí, le dije, son esos que tengo en el librero".

"Oye -inquirió, sin dejar de buscar el título que lo tenía tan obsesionado y que lo hacía moverse entre los muebles de la tienda de manera apresurada- y al rato que lleguemos ¿me dejas verlos?".

"¡Claro!", contesté, "en cuanto lleguemos los vemos".

Una vez en casa y sin importarle que el sueño lo estaba derrotando, mi hijo me pidió que le enseñara los "discos grandotes".

Con paciencia y -por qué no decirlo- con orgullo fui sacando cada uno de los viejos acetatos que conservo y que conforme los mostraba me traían recuerdos de aquellos años en que cursaba la secundaria, el CCH Oriente y la ahora Facultad de Estudios Superiores Aragón.

Con sorpresa el niño veía pasar una a una las portadas de los discos que le enseñaba y le admiraba no sólo el tamaño, sino la claridad de las imágenes que tenían algunas de ellas y que en los actuales formatos del CD no se perciben, al menos que a través de Internet las busques y las amplíes para admirarlas a detalle.

"Papá, ¿podemos escuchar uno para ver cómo se oían?" - me dijo.

Gracias a que hace 15 años todavía alcance a comprar un equipo de sonido con tornamesa, no le vi problema y le dije que escogiera uno para que lo escucháramos. Su elección fue "Dresed to kill" de The KISS, aquel que muestra al cuarteto de pintados vestidos cual gansters de la época de Al Capone y parado bajo una lámpara, y quienes por cierto acaban de tocar dos noches seguidas en el Palacio de los Rebotes.

Con mirada inquieta el pequeño observaba cómo sacaba el disco de la funda de cartón y de la plástica que lo resguarda del polvo y de posibles rayaduras que lo echen a perder. Luego veía cómo lo colocaba sobre la tornamesa y cómo se colocaba el brazo con la aguja sobre el disco que empezaba a girar y con asombro escuchaba el clásico crash, crash, crash que antecede los acordes de las guitarras y batería de la primera canción.

Una a una escuchaba las canciones que conforman este material grabado en 1975 en Nueva York, en los Electric Lady Studios. Al acabar las canciones del lado A le dije que iba a poner el otro lado del disco para que escuchara las demás canciones.

Y ahí con sorpresa me inquirió sin más: "¿A poco tiene lado B? ¿Cómo le haces para saber cuál lado es cuál?".

Primero con una sonrisa y luego con una carcajada me acerqué a mi hijo y le dije: "Sí, tiene un lado A y un lado B. Y sé cuál lado es cada uno porque en cada cara tiene una etiqueta que te muestra qué lado es y además tiene los nombres de las canciones que hay en cada uno de ellos", esto al tiempo que le enseñaba ambos lados de esa reliquia de 35 años.

Una vez que le puse el lado B del disco y mientras él disfrutaba las canciones, me quedé pensando en las preguntas de mi hijo y caí en la cuenta de que efectivamente los CD sólo constan de un lado y puedes escuchar de corrido todas las canciones sin necesidad de pararte a darle la vuelta, es más con el control remoto no necesitas ir al tornamesa para repetir una canción, sino que sólo basta apretar un botón para escucharla tantas veces como quieras.

Al concluir el disco y mientras los guardaba con el cuidado que requiere, junior me preguntó si otro día podíamos escuchar otro, con una alegría y satisfacción propia de haber realizado una tarea nada común en estos días por él.

"Es que quiero seguir oyendo cómo se escuchaban tus discos grandotes papá".

"Claro, luego escuchamos otro, ve pensando cuál quieres que pongamos".

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