La costumbre que ahora tenemos sobre estos acontecimientos contrasta totalmente con la sorpresa que ocasionó en la sociedad en 1942 el asesinato de cuatro mujeres por parte de Gregorio Cárdenas Hernández, quien además las había sepultado en el jardín de su casa y del cual fueron exhumados sus cuerpos.
El caso acaparó no solamente todos los titulares de los diarios, sino que también captó la atención de especialistas en psiquiatría quienes veían en Goyo Cárdenas un caso para estudiarlo a fondo e indagar cuáles fueron los trastornos mentales que tenía y que lo orillaron a cometer dichos homicidios.
Andrés Ríos Molina nos habla de manera puntual de todo lo que rodeó a este asesino serial en su libro "Memorias de un loco anormal. El caso de Goyo Cárdenas", en el cual con una narración detallada nos lleva a conocer al hombre que así como escandalizó al país en la década de los años 40, también despertó pasiones y admiraciones por parte de muchas mujeres, pertenecientes a los diversos estratos sociales.
Así, paso a paso Ríos Molina nos detalla los numerosos estudios que los psiquiatras más eminentes de aquellos años le hicieron para conocer los problemas mentales que tenía el Asesino de Tacubaya y que a la postre fueron fundamentales para internarlo en La Castañeda.
También nos relata las vivencias del sádico criminal en dicho centro de atención a los enfermos mentales, mismo que fuera inaugurado por Porfirio Díaz, y que le llevaron no solamente a ganarse la confianza de los directivos del lugar, sino incluso a tener una novia.
Poco a poco el autor nos comenta los motivos por los cuales posteriormente fue recluido en el llamado palacio negro del Lecumberri, en donde dejó muestra de que tal vez no estaba loco como muchos creían, ya que en dicho lugar estudió derecho y ello le permitió apoyar a muchos presos para alcanzar una sentencia favorable.
Con el tiempo, Goyo Cárdenas logró salir de prisión y convertirse en un abogado reconocido, además de escribir tres libros.
Esto es sólo una probada de lo que podemos encontrar en este libro de fácil lectura y con el cual al final nos asalta una duda ¿realmente Goyo Cárdenas estaba loco? Pero además, nos puede agobiar una interrogante más, ¿si él estaba loco, qué podríamos decir de todos aquellos que actualmente en una sola acción ejecutan a varias personas sin el mayor remordimiento?
¿O acaso ya toda la sociedad vive en medio de la locura y por ello ya nada le sorprende?
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