viernes, 12 de noviembre de 2010

¡México lindo y… secuestrado! Cuando la incapacidad prevalece y la población sufre

Tan solo escuchar o leer la palabra secuestro puede generar en nuestro inconsciente una reacción de temor, frustración, enojo e incertidumbre, pues al conocer de tantos casos sabemos que no podemos estar  a salvo de vivir este calvario, pues quienes lo ejercen han ampliado su accionar hacia todos los sectores de la sociedad sin distingo de condición social y económica, pues su único fin es obtener dinero sin mayor esfuerzo.
Sin embargo, aquí la pregunta puntual es ¿por qué no se ha logrado combatir este grave delito y no se han encerrado a todos esos criminales?
La respuesta la podemos encontrar de manera simple en cualquiera de los relatos que nos presenta de manera puntual Humberto Padgett en su libro “Jauría. La verdadera historia del secuestro en México”: Porque en prácticamente todos los casos conocidos de los grandes secuestradores han estado involucradas las autoridades de una u otra manera para que operen sin ningún problema.
Realizando una investigación periodística de gran alcance, el autor nos da detalles de varios casos de secuestros contados por las víctimas que lograron sobrevivir a un secuestro, en menor de los casos con las graves consecuencias psicológicas por las agresiones que sufrieron durante su encierro, y en otros con mutilaciones que les recordarán siempre el suplicio sufrido.
Dichos relatos son tan detallados que prácticamente los podemos reconstruir conforme recorremos las líneas y los párrafos de esta obra periodística, pero también nos llevan a sentir por un lado la impotencia que enfrentaron estas víctimas, así como un odio, sí, un odio profundo en contra de los Arizmendi, Caletri, los Víbora, los Montante y otros rufianes, que no obstante haber privado de su libertad a estas personas, arremetían contra ellas con insultos, golpes, ultrajes, violaciones, mutilaciones y asesinatos, sin el menor arrepentimiento.
Pero también Padgett nos presenta de manera cruda y fría las narraciones que estos criminales hacen de algunos de los secuestros que realizaron, la manera en como los planearon y los llevaron a cabo, la presión que ejercían vía telefónica sobre los familiares para que les dieran el dinero que exigían por liberar a sus seres queridos, así como la forma en cómo los trataban durante su encierro.
De la misma manera, hay un elemento fundamental en este libro Editado por Grijalbo y es que en cada uno de los casos el autor nos muestra las redes de complicidades que cada uno de los grupos de secuestradores han tejido con elementos de las fuerzas policiacas tanto del Distrito Federal como de los estados de la República, así como de las dependencias federales, que se suponen son quienes nos deberían de proteger, para poder operar de manera impune y, en caso de que algunos de sus miembros fueran detenidos, liberarlos mediante jugosos pagos.
Y hay más. El periodista nos relata de manera puntual cuántos de estos criminales ya habían sido detenidos por diversas fechorías, incluidos los secuestros, y cómo prácticamente todos lograron salir de su encierro, ya fuera a través de fugas, argucias legaloides implementadas por los abogados que sobornaban a algunos juzgadores e incluso, en el colmo de la desfachatez, por beneficios de excarcelación otorgados por los gobernantes, debido a la buena conducta que mostraban durante su encierro.
Luego de leer este libro y conocer el daño tremendo que han causado estos maleantes tanto a las personas que en lo individual lo sufrieron, así como sus familias, amén de la sociedad misma, sólo nos queda exigir que se haga algo por parte de nuestras autoridades para que se termine realmente con este delito.
Así, si se quiere tener un panorama más amplio de lo que representa el secuestro, la forma en cómo se ha desarrollado en México y conocer los entretelones que han permitido no sólo la proliferación del mismo, sino también el crecimiento desmedido de estas bandas, esta obra te lo dará de manera puntual.
Pero eso sí, debes prepararte para asimilar los crudos relatos que se nos presentan y estar consciente de que por más que lo parezcan, los hechos no forman parte de una novela de ciencia ficción, sino de casos reales, que de tan sólo leerlos podrán generar diversas reacciones, pero creo que la siempre prevalecerá es la del odio en contra de esa jauría.

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